La belleza

Reivindico el espejismo
de intentar ser uno mismo,
ese viaje hacia la nada
que consiste en la certeza
de encontrar en tu mirada
la belleza…

—Luis Eduardo Aute

Me gusta el sabor de tu coño. Mi lengua nunca ha probado algo igual. Mis dedos se divierten en cada visita a los lugares más recónditos de tu cuerpo y, al hacerlo, tus labios hablan el idioma del amor. O del placer, no sé diferenciarlo. Te retuerces entre las sábanas, gritas, pataleas y sonríes. Pocas cosas me hacen tan feliz como verte sonreír. Solo estás tumbada en la cama, desnuda, leyendo aquel libro de Simone de Beauvoir que robaste en una librería del centro, pero en la habitación se agradece tu presencia. El ambiente está relajado y alegre. Gozoso, como yo al mirarte desde el sillón mientras escribo estas líneas. Miras de reojo y vuelves a sonreír. Disimulas la lectura, a la que hace tiempo que no prestas atención. Yo ya no escribo, solo puedo mirarte. Enciendes un cigarro, hasta el humo más tóxico es agradable cuando sale de tu boca. Cierras el libro, das una calada y preguntas sin ninguna intención más allá de leerme la mente.

—¿Qué soy para ti?

No quiero contestar, pero sé que tú, para mí, eres algo más que la belleza.

Imagen: Steven Meisel, Madonna. Vogue Italia. 1991

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