La cosa nostra

—Si no está imputado, ¿por qué da esta rueda de prensa?

—Porque me da la gana.

(Alfonso Grau, vicealcalde de Valencia, ante la pregunta de un periodista)

La crónica política valenciana escribe un nuevo capítulo de esta historia infinita de corruptelas, que más parece una novela mafiosa que la realidad de una democracia venida a menos. Los protagonistas del día son Juan Cotino y Alfonso Grau, ex presidente de Les Corts y vicealcalde de Valencia, respectivamente. Ahí los tienen. Cotino, un tipo grandullón, con una forma de caminar despreocupada, voz desafinada como la de un adolescente y cara de bobalicón; junto a Grau, un hombre recio, que camina seguro de sí mismo, un perdonavidas que mira de reojo y desde arriba a quienes no son de los suyos. Detrás de unas personas de apariencia tan diferente se esconden caracteres parecidos, marcados por una prepotencia estructural y común a la mayoría de personas del Partido Popular.

Juan Cotino tiene una arraigada trayectoria política en Valencia, ahí va su currículum: concejal en Valencia, teniente de alcalde, director general de la Policía, delegado del Gobierno, consejero de Agricultura, Pesca y Alimentación; vicepresidente tercero de la Comunidad Valenciana, consejero de Bienestar Social, de Medio Ambiente, presidente de Les Corts y, tras su dimisión, cultivador de caquis. Al pasar por tantos despachos repletos de presuntas corruptelas, Cotino ha sido acusado en múltiples ocasiones de tener las manos manchadas de la misma mierda que rebosa en cada rincón de los edificios gubernamentales valencianos. En 2014 fue Esquerra Unida quien lo acusó de prevaricación y tráfico de influencias, relacionándolo con el caso Brugal. Sin embargo, es su relación con la rama valenciana del caso Gürtel la que lo ha llevado hasta la imputación. Según un testigo, Cotino actuaba como recadero de la organización de la visita del Papa en 2006, consiguiendo contratos irregulares de RTVV que favorecían a empresas relacionadas con la Gürtel. El informe de la Unidad de Delitos Económicos y Financieros (Udef) de la Policía lo considera «elemento nuclear» en la toma de decisiones para las contrataciones.

Las sospechas sobre Cotino van más allá: algunas víctimas del accidente de metro de 2006 —acontecido unos días antes de la dichosa visita del Papa—, afirman que Cotino intentó comprar su silencio. Más allá de las sospechas y presunciones, en sus últimos años como político en activo, ha protagonizado algunos de los momentos más bochornosos a los que la sociedad valenciana ha asistido, destacando sus continuos enfrentamientos con Mónica Oltra. El 24 de febrero de 2010, Cotino llegó a decir, en el pleno, que le daría vergüenza tener una hija como Oltra. No debía imaginar que lo único que daba vergüenza era que la figura mediadora en Les Corts estuviese ocupada por un tipo de su catadura moral. Sobre Cotino, miembro del Opus Dei, existen otros muchos rumores sin contrastar de los que no hablaremos pero, como escribió Ferran Torrent: «cada uno es dueño de su armario».

Alfonso Grau es vicealcalde de Valencia y mano derecha de Rita Barberá. Su currículum nos importa menos que su prepotencia. Tras ser reimputado en el caso Nóos por los contratos del Valencia Summit ha convocado una rueda de prensa en la que, lejos de agachar la cabeza, pedir disculpas y marcharse con el rabo entre las piernas, ha sacado pecho y ha hecho gala de esa chulería tan propia de los populares. «Si alguien esperaba que fuera a decir que me voy, que lo olvide», ha declarado nada más empezar la comparecencia. Grau se ha autodefinido como «el chivo expiatorio de una persecución política», una declaración carente de sentido per se. La rueda de prensa ha tomado tintes delirantes cuando Grau afirmaba no estar imputado. Éramos pocos y parió la burra, habrá pensado Alberto Fabra al escuchar el órdago que le ha lanzado Grau al afirmar: «Las líneas rojas del presidente Fabra son muy respetables, pero yo tengo las mías».

Dos tipos de formas distintas y chulería similar. Añádanlos a la lista, cada vez más larga, de imputados populares que han convertido la vida política valenciana en una novela de mafiosos. No se alteren, el próximo capítulo está al caer.

Imagen: Las Provincias

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