México desde el exilio

Juan Sosa Maldonado es un hombre humilde. Un vistazo es suficiente para confirmarlo. Hace falta escucharle para saber que, además, es un valiente. A pesar de ser el centro de atención, Maldonado se camufla entre la gente cargando con su mochila. Viene de Lugo, ciudad en la que reside actualmente acogido al Programa de Protección para Defensores de los Derechos Humanos de Amnistía Internacional, dispuesto a contar su experiencia como exiliado mexicano. Juan Sosa Maldonado tiene en su currículum personal la dicha de haber sobrevivido a un secuestro durante el que fue torturado, y a un intento de asesinato. En su paso por Valencia habla con el estudiantado del IES Isabel de Villena y el de Magisterio de la Universidad de Valencia. Con tono firme y reivindicativo, narra su historia, una biografía marcada por la probidad de quien lucha, a pesar de todo, contra las violaciones de los derechos fundamentales de los estratos más desfavorecidos de la sociedad. El país que describe Maldonado dista mucho de la imagen instaurada en el ideario común, fomentada por una imagen de color rosa y telenovelas que presentan, según él mismo reconoce, los medios españoles.

Abogado de profesión, Juan Sosa Maldonado ha sido uno de los dirigentes de la Organización de Pueblos Indígenas Zapotecas (OPIZ) a través de la cual denunciaba el quebrantamiento de la ley y los DDHH en México. En 1998, la Policía lo identifica erróneamente como un comandante del Ejército Popular Revolucionario (EPR), motivo por el que es detenido y permanece desaparecido durante 25 días. Maldonado denuncia torturas físicas y psicológicas durante su secuestro. Tras las múltiples demandas de presentación con vida -algunos secuestrados y desaparecidos nunca aparecen, pero otros lo hacen muertos- por parte de su esposa y asociaciones como Amnistía Internacional, es encarcelado durante tres años. En 2001 queda libre, y centra su carrera profesional en la asistencia a indígenas a los que vulneran sus derechos. El 16 de octubre de 2013 sufre un atentado fallido. Tres disparos, dirigidos a su cabeza, impactan contra su coche. El 22 de noviembre de 2013 abandonan México con destino El Salvador, donde pasan varios meses refugiados bajo el amparo de una asociación feminista. Desde el 29 de abril de 2014 reside en España junto a su familia, acogido al Programa de Protección para Defensores de los Derechos Humanos de Amnistía Internacional.

Pocos minutos antes de la llegada de Juan Sosa al instituto, un grupo de 43 estudiantes vestidos de blanco y con las caras tapadas por unas máscaras que los convertían en estudiantes anónimos, reclamaban justicia a miles de kilómetros de Iguala, acompañados por el profesorado. Las consignas pro-derechos y la lectura de poemas dio paso a la conferencia de Maldonado, a la que no todo el alumnado tuvo acceso por falta de espacio. Tras la charla, el equipo de Amnistía Internacional que acompaña al abogado nos deja solos. Son casi las 3 de la tarde, Maldonado lleva más de dos horas contando su experiencia, pero tiene energía y motivos de sobra para volver a hablar de su experiencia.

¿Cuál es el motivo de las torturas que sufrió?

En México, cuando hay que esclarecer algún delito contra la población o políticos se busca chivos expiatorios que permitan a los fiscales dar culpables, aunque no lo sean. En mi caso, el Gobierno de Oaxaca, en 1998, investigaba la aparición de un grupo armado revolucionario -conocido como el Ejército Popular Revolucionario (EPR)- que había realizado acciones en puntos muy turísticos del Estado. Al gobernador le interesaba presentar investigaciones sobre este caso antes de abandonar el poder, y para ello detuvo a indígenas y personas que no teníamos nada que ver con estos hechos. Mediante torturas pretendían que nos inculpásemos delitos que no habíamos cometido, como fue en mi caso. Querían que yo me presentase como un comandante del EPR y que aceptara que había participado en enfrentamientos con la Policía en los que había varios muertos.

Hábleme de esos 25 días secuestrado. ¿Cómo afrontó las torturas?

Lo que más preocupa es lo que le pueda pasar a la familia. Permanecer sin comer ni dormir, en una misma posición, se puede soportar. Pero que te digan que van a ir a por tu hijo de año y medio, o a por tu esposa para hacerle lo mismo… es insoportable. Eso te obliga a firmar hojas en blanco, aceptar lo que digan para asegurarte que a la familia no la van a tocar, y que van a respetar tu vida. Desafortunadamente, hay muchas ejecuciones extrajudiciales, muchas personas detenidas que aparecen muertas y no hay responsables entre rejas. La impunidad es alarmante. Los policías de menor rango pueden estar seguros de que si, obedeciendo órdenes, cometen atropellos contra la población no habrá castigo.

¿Qué fue lo peor de aquellos días?

Lo más fuerte es la tortura psicológica. Ellos tenían conocimiento, al ser elementos del Estado, de donde vivía mi familia y me amenazaban con ir a por ellos. Firmé papeles en blanco y acepté confesar cosas que no había hecho. Después de 25 días desaparecido y gracias al trabajo de mi esposa, fui presentado en una prisión a 350 kilómetros de donde me habían detenido.

¿Para dificultar su defensa?

Claro. La desaparición forzada era una cuestión muy fuerte en esos momentos. Algunos indígenas habían sido desaparecidos durante nueve meses. Sus familiares reclamaban la presentación con vida delante del Palacio Presidencial. Alejarme de la ciudad donde los medios de comunicación podrían hacerse eco de mi desaparición, les previno para que el gobernador pudiera acceder a otro cargo político. Estaban engañando a la opinión nacional al decir que se estaba combatiendo a la guerrilla.

La represión hacia los indígenas se asienta sobre la idea de los conquistadores españoles que aseguraban que no tenían alma y, por tanto, se podía hacer con ellos lo que quisiera. «En México las cárceles las llenan indígenas y pobres que no tienen garantías de una adecuada defensa» comenta Maldonado, que dibuja una imagen del sistema judicial mexicano que evidencia una corrupción estructural del Estado. «Quienes cometen crímenes políticos o delitos de cuello blanco no pisan la cárcel. Quienes llenan las cárceles son pobres, indígenas y gente que no tiene posibilidades de defensa, en algunas ocasiones, por no entender el español».

Pero la ley obliga a realizar estos procesos con la ayuda de intérpretes, ¿también se incumple?

Efectivamente. No solo no se les presenta un abogado que sea de su confianza, sino que tampoco se les presenta un interlocutor, porque no existen. La diversidad de lenguas es grande -en Oaxaca existen unas 17 distintas-, y los juzgados no se han preocupado porque hayan traductores. Para salvar esta situación, en las fichas se asegura que los sujetos hablan y entienden español. Desafortunadamente, esto provoca que muchos indígenas permanezcan hoy en día en prisión.

La discriminación a los indígenas es, en palabras de Juan Sosa, un hecho histórico. Las lenguas indígenas ni se respetan en los procesos judiciales, ni se fomentan, ni se enseñan. Aplastadas por el español como lengua única, la supervivencia depende de la transmisión oral. Cuenta Maldonado que, actualmente, hay indígenas que no entablan conversación con nadie que no hable su lengua en momentos tan cotidianos como la compra. Otros, ni tan siquiera salen a la calle. El miedo a la represión les obliga a recluirse. En 1996 se prohibieron las reuniones de más de 3 personas en algunas zonas.

Parece que los diferentes gobiernos mexicanos tienen una sensación paranoica con una posible confabulación del pueblo en su contra.

La revolución de 1910 la perdió el pueblo de México. Cualquier voz que quiera alzarse y exigir mínimos derechos democráticos y respeto para la integridad de los mexicanos intenta ser silenciada. Estas exigencias por parte del pueblo tienen que ver con las violaciones sistemáticas de los Derechos Humanos. Nadie expone su vida por gusto, sino como último recurso contra la violencia institucionalizada. Son objetos de persecución, de intentos de ejecución.

Durante la conferencia, Maldonado habla de la esclavitud en México. A pesar de la Guerra de Independencia de 1810, el abogado asegura que los indígenas fueron esclavizados durante los cien años posteriores. «Si en estos momentos investigásemos, encontraríamos ejemplos de indígenas, mujeres y niños esclavizados» sentencia. La estampa que plantea es desoladora, según Juan Sosa, existen casos de personas que fueron asesinadas porque resultaba más cómodo y barato que pagarles.

¿Cuál es el precio de la vida en México?

En México, la vida de campesinos e indígenas vale menos que la bala que los mata.No hay ninguna investigación para dar con los responsables de estos delitos. La Policía, los ministerios… en el mejor de los casos, se dedican a proteger a los políticos. Esperar a que se haga justicia con el pueblo queda a años luz.

Los motivos para protestar y manifestarse contra las violaciones de los DDHH que comenta Maldonado parecen más que suficientes, sin embargo, el abogado explica que la condiciones de vida llegan a ser tan duras que resulta imposible manifestarse. Además, algunas poblaciones se enfrentan a la incomunicación. Según el defensor de los DDHH, hay zonas absolutamente aisladas puesto que los teléfonos no funcionan y las carreteras son intransitables. «Las mujeres mueren el los partos al no tener acceso a hospitales»

Otra de las preocupaciones de Maldonado es la Educación. «Hay círculos de miseria, zonas lejanas sin servicios como Sanidad o Educación», aunque «en México no se le da importancia a la Educación», de hecho, según explica, es una de las últimas alternativas que barajan los estudiantes. La persecución una cuestión ideológica, el poder entiende que es el mayor arma contra la ignorancia. «Los maestros están mal vistos porque pueden despertar a la sociedad», añade.

¿El origen de la persecución a los 43 desaparecidos es ideológico,? usted afirma que los normalistas [estudiantes de magisterio] son gente capaz de despertar conciencias a través de la Educación.

Las Normales rurales tienen un origen popular, los profesores tienen mucha cercanía con el pueblo y reivindican los Derechos que tenemos como seres humanos. Los alumnos salen politizados y buscando mejorar las condiciones de vida diciéndole a la población cuáles son sus derechos para evitar que sean explotados. Ahora pretenden desarrollar una reforma educativa y las Normales rurales son un estorbo para el presidente, por representar focos ideológicos que despiertan a la población y por los intereses en recursos naturales que pueden tener en las zonas. El asesinato de estudiantes tiene relación con intereses de la clase política nacional, que sataniza la manifestación y persigue todo intento de cambios que mejoren las condiciones de vida de la sociedad mexicana. Asesinando normalistas buscan terminar con la semilla que despierta las conciencias.

Se habla de desaparecidos, pero las autoridades confirmaron que habían sido asesinados. Sin embargo, las familias no creen esta versión.

No hay una sola evidencia de que las cenizas que han encontrado pertenezcan a ninguno de los estudiantes. Mientras eso suceda, continúan en calidad de desaparecidos. El Estado mexicano es responsable por comisión o por omisión, la Constitución brinda seguridad para la integridad física de los habitantes de la república. No conocer el paradero de 43 desaparecidos, no tener una investigación temprana y eficaz es responsabilidad estatal. Las declaraciones que se hicieron sobre los asesinatos y el encarcelamiento de los responsables buscan acallar las manifestaciones que exigen Justicia y castigo, que se respeten los Derechos Humanos.

Los estudiantes desaparecidos participaban en un homenaje a otros estudiantes masacrados en 1960, unos asesinatos que quedaron impunes. «El que era secretario de gobernación -2º en el orden de la presidencia de la república- fue premiado con la presidencia de la república. Generó nuevas masacres como la del jueves de Corpus de 1971 [los enfrentamientos entre ‘Los Halcones’, un grupo paramilitar al servicio del Gobierno, y los estudiantes se saldaron con 120 muertos]. En el Estado de Guerrero persiguió, encarceló, asesinó a indígenas y mujeres que no estaban de acuerdo con la política que había en el país.»

¿Exigen dimisiones?

La política está amalgamada de tal modo que eso es prácticamente imposible. Si pueden ir unos, pero llegan otros. Queremos cambios radicales que trabajen a favor de la ciudadanía. Hay condiciones y recursos para que quienes viven en la pobreza extrema gocen de mejores condiciones. En México tenemos al hombre más rico del mundo [a Carlos Slim se le supone una fortuna de 79 mil millones de dólares] y millones de pobres que no tienen nada para comer. Los gobernantes se preocupan por los ricos, por salir del poder hinchados de dinero, pero no por los más desfavorecidos.

Transmite una imagen de México distinta a la que tenemos en España. Aquí parece que su mayor problema es el narcotráfico y la corrupción de algunos sectores políticos. ¿No me irá a decir que también hay relación entre la política y el narcotráfico?

Sí. Hay una colaboración entre México y Estados Unidos, que es el principal consumidor de drogas y el principal vendedor de armas. Para EEUU, la guerra contra el narcotráfico es un negocio redondo. Este proceso que inició el ex presidente Felipe Calderón en 2006, porque pueden vender armas a narcos y gobierno, e incluso tienen el suministro de drogas. Ahora se habla de una colombianización de México por la existencia de grupos paramilitares, desapariciones forzadas… La política mexicana tiene que ver con el control férreo de las instituciones y de la división de poderes.

El nuevo Gobierno tampoco es esperanzador. Juan Sosa no duda en acusar a Enrique Peña Nieto, actual presidente mexicano de comprar votos. Peña Nieto viajó hasta China tras conocerse el asesinato de los 43 normalistas. Una reciente investigación periodística descubrió la existencia de una mansión, a la que acudía el presidente, registrada a nombre de una de las empresas que más contratos públicos a obtenido. Las sospechas de conflicto de intereses surgidas a raíz del reportaje no hicieron más que aumentar tras las explicaciones de la esposa de Peña Nieto.

Habla de un paquete completo que Televisa [la mayor cadena de televisión mexicana] le vendió al presidente Peña Nieto. ¿A qué se refiere?

Es proyección mediática. Paquetes de precampaña y campaña para llegar a la presidencia, que incluía a la esposa, una famosa actriz de telenovela. Es la cara que vende al político joven a un país que durante doce años estuvo gobernado por un partido distinto que no supo hacer las cosas y que generó, en la recta final, más de 100.000 muertos. Esta violencia ha aumentado un 50% en México con los intentos de Peña Nieto de acallar las protestas.

En su conferencia ya se ha referido al gobierno de Felipe Calderón como causante de miles de muertos en su lucha contra el narcotráfico. ¿Podemos encontrar a personas ajenas al mundo de las drogas entre esos muertos?

Efectivamente. Los enfrentamientos entre bandas se relacionan con la apropiación de terrenos y espacios de poder. En medio de esta guerra encontramos a la población civil que no tiene nada que ver con eso. Contamos a los muertos, a los desaparecidos, y a quienes han sido señalados como narcotraficantes sin serlo.

En los últimos 14 años han sido asesinados 102 periodistas, 71 durante el mandato de Calderón. Es inevitable preguntarle por la situación del Periodismo. 

La persecución a los periodistas es histórica. Algunos buscan escapar del control fundando sus propios medios. Los periodistas ejecutados trabajan para prensa escrita y medios independientes. Lamentablemente, en el país se trabaja para sobrevivir. Eso a los periodistas no les permite ser independientes, si publican algo que atenta contra el poder al día siguiente están en la calle. Lograr la independencia periodística es muy difícil por la política de control mediático que somete a la población con informaciones falsas. Las consecuencias de este control son muy graves: ejecuciones extrajudiciales, desapariciones, ataques a los locales de los medios… En todos los sectores encontramos violaciones de los DDHH cuando alguien intenta ir contra el poder establecido.

En este exilio está acompañado de su familia ¿Cómo lo viven ellos?

Tengo una esposa muy fuerte que llevó la lucha por mi presentación con vida hasta el extremo de lograrla y de señalar a las autoridades como responsables. Me ha acompañado durante estos años en nuestra defensa por los indígenas. Tras el intento de ejecución se enfrentó sola al cuidado de los hijos, al trabajo, y al hostigamiento de las autoridades. Ahora mi familia vive más relajada sabiendo que estamos muy lejos, pero debemos encontrar mecanismos para sobrevivir a la situación que se presenta. Las niñas se adaptan de la mejor manera al colegio y la ciudad, los mayores ponemos todo de nuestra parte para combinar nuestras obligaciones familiares con la defensa de los DDHH.

Amnistía Internacional se está encargando de darle refugio, pero el programa al que se acoge termina en cinco meses. Existe la posibilidad de tener que volver a México…

El retorno es prácticamente impensable. Tendremos que buscar nuevas alternativas, pues Peña Nieto y el gobernador de Oaxaca permanecerán en el poder hasta 2018. Antes de salir de México, pasamos un mes pidiendo protección a las autoridades pero no lo hicieron, al contrario, nos expusieron más. Y eso no va a cambiar mientras perduren estos gobiernos. El Programa de Protección de Amnistía nos genera, a mi familia y a mí, la seguridad de poder defender los DDHH desde España, dándole voz a quienes están en México. Hacer visibles las violaciones contra los DDHH en todo el mundo, nos parece una labor muy importante de Amnistía Internacional. Entre todos podemos hacerlo para lograr que un mundo mejor sea posible.

Juan Sosa Maldonado logra despertar un enorme interés entre el estudiantado. Su historia no es propia de este siglo ni de un país democrático, pero «en México no se respetan los DDHH aunque digan que son demócratas», me corrige. «Amnistía Internacional está haciendo un gran esfuerzo en este momento, para nosotros hay esperanza», culmina con razón. Mientras haya gente con el valor de Maldonado, habrá esperanza.

Fotografía: Mario Jiménez Leyva

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