RTVV: muerte y resurrección

Se cumple un año del fundido a negro de Canal 9, junto a la desaparición del resto de canales y emisoras de RTVV, que nos obligó a aprender algunas lecciones a marchas forzadas y a reflexionar sobre lo sucedido. Quizá en unos meses, la más que posible salida del Partido Popular del gobierno abra la puerta a la vuelta de la radio televisión pública. Gracias a Alberto Fabra y a otros 48 diputados del Partido Popular nos encontramos sin cámaras, técnicos, periodistas que eran nuestros ojos y bocas en los que poder mirar la realidad que nos rodea y conocerla en nuestro idioma. Ahora, que la radio permanece silenciada y las pantallas emitien unas barras de color que informan más de lo que informó RTVV en la mayoría de los años que existió, nos enfrentamos a la necesidad de volver a reabrir los medios públicos valencianos. Pero el cierre de RTVV fue mucho más grave que la pérdida de una televisión y radio que llevaban años secuestradas, perdimos democracia y libertad. Nos las robaron, como nos han robado todo el dinero público al que tenían acceso. Aquel 29 de noviembre de 2013, perdimos libertad, información, democracia, entretenimiento, el presente de quienes trabajaban en el sector audiovisal, y el futuro de quienes nos formamos para hacerlo en un futuro próximo. Por perder, podemos perder hasta la lengua. El pasado mes de diciembre escribí unas reflexiones que consideraba oportunas recordar en el futuro, cuando la condena al silencio de la radio y televisión termine. No podemos olvidar, ni queremos perdonar. RTVV volverá. Ahí tienen la crónica de una muerte anunciada, y las reflexiones que este asesinato nos dejó.

Martes 5 de noviembre de 2013, el gobierno valenciano anunciaba a media tarde, y mediante una escueta nota de prensa, el cierre de la radio y televisión pública. Lo hacía después de que la sentencia del Tribunal Superior de Justicia anulase el ERE que los directivos de la cadena habían ejecutado contra más de mil trabajadores. A pesar de que el presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, aseguró que acataría la resolución del TSJ sobre el ERE, este es un nuevo cambio de rumbo inesperado, una pataleta más. Estamos, sin lugar a dudas, frente a la historia de una muerte anunciada: el asesinato de RTVV.

Para entender mejor este desdichado final hace falta retroceder unos cuantos años, concretamente veintitrés. Meses después del nacimiento del ente público, el entonces director general, Amadeu Fabregat, introduce un listado de 543 palabras prohibidas por sonar demasiado catalanas y censura a algunos personajes de la cultura valenciana como Ovidi Montllor. Era 1990 y comenzaba un proceso irrefrenable de decadencia del ente público. Después de éste vinieron otros muchos episodios que han ayudado a la muerte y desaparición de RTVV. Julià Álvaro, periodista afectado por el ERE dijo en su día que si el PSPV hubiera “tenido claro el sentido de unos medios de comunicación públicos en valenciano y para el País Valenciano, seguramente el Director General jamás habría sido Amadeu Fabregat”1. Cinco años más tarde, en 1995, llega el Partido Popular a la Generalitat y convierte RTVV en una casa de lenocinio. Las órdenes gubernamentales no tardan en llegar a una redacción relativamente joven a la que ni la dirección general ni la de informativos protegen. Algunos periodistas protestan y se oponen a acatar órdenes delirantes como la de grabar a Eduardo Zaplana únicamente de su lado bueno, cómo si lo tuviera. Con los años, estos profesionales acabarán defenestrados dentro de la cadena, otros periodistas aceptan los mandatos sin más, no las cuestionan, ni las critican. Estos últimos acabarán en puestos de relevancia, o no verán sus nombres incluidos en la lista de afectados por el ERE.

En Canal 9, la ruinosa Terra Mítica era un éxito de Zaplana, la Educación Pública en barracones se silenciaba con promesas de nuevos edificios en los que dar clase, el colapso del sistema sanitario valenciano no existía, y en su lugar se emitían inauguraciones en directo de centros hospitalarios. Camps, qué bueno era Camps cuando ponías Canal 9. Y lo de la Gürtel un invento de cuatro, porque lo que importaba es que por Valencia ya corrían coches de Fórmula 1. No olviden los veleros de la Copa América, ni lo bonita que está Valencia con Rita. ¿Les he dicho ya lo bueno que es Francisco Camps? ¡Vótenle, por favor! En 2010, el por entonces presidente de RTVV, José López Jaraba, afirmó que la radio y televisión públicas respetaban escrupulosamente la pluralidad informativa, y vaya que sí. No sólo de Camps se hablaba en la una televisión cuyo color corporativo era, paradójicamente, el rojo. También se hablaba, por ejemplo, del Aeropuerto de Castellón, que iba a ser un éxito creado por obra y gracia de Carlos Fabra, presidente de la Diputación de Castellón. Como les decía, pura pluralidad informativa. ¿No me creen? Sigamos con los ejemplos. Entre los días 8 y 10 de julio de 2006, Valencia celebró el V Encuentro Mundial de las Familias. En Canal 9 estaba todo preparado para dar un tratamiento informativo sin precedentes del acto, pero las casualidades -o la ausencia de unas balizas de seguridad-, hicieron que el día 3 un tren de la línea 1 del metro descarrilase acabando con la vida de 43 personas, y otras 47 resultasen heridas. Con todo preparado para la visita del Papa y la Comunidad en el foco informativo internacional, aquellas muertes fueron una putada para el engranaje propagandístico del PP. Sustituyan putada porimprevisto, si son muy delicados. ¿Cómo solucionar el imprevisto? Muy sencillo: haciéndolo desaparecer. Durante la visita del Papa, Canal 9 dedicó  4 minutos y 26 segundos al accidente de Metro, frente a los 292 minutos protagonizados por Ratzinger en los informativos, a lo que debemos añadir más de 16 horas emitidas en directo de las diferentes jornadas de la visita2.

En la crónica del crimen de RTVV no puede faltar el principal argumento que los propios asesinos utilizan para justificar el acto: la astronómica deuda contraída por el servicio público. Sin embargo, ¿es esa deuda producto de la casualidad?, ¿es razonable la deuda de casi 1.400 millones de euros en base a los gastos de la empresa? La respuesta a ambas cuestiones es sencilla: no. La astronómica cifra a la que asciende el agujero negro de la cadena valenciana es el resultado de corruptelas, intereses, delirios de grandeza, producciones de costes inflados, competencias impropias de un servicio público, enchufismos, ausencia de una gestión coherente… De nuevo, ahí van algunos ejemplos: la visita del Papa no sólo sirvió para el autobombo propagandístico del Partido Popular, sino que también fue utilizada para enriquecer a miembros del partido y algunas personas cercanas al mismo. Bajo la dirección de Pedro García, la cadena pública firmó un contrato con Teconsa de 7,4 millones de euros por la instalación de pantallas y altavoces durante la visita papal, el coste real no alcanzó los 3,2 millones3. Pedro García dimitió como director general tras ser imputado por cohecho, malversación, blanqueo de capitales, prevaricación y fraude fiscal. Su relación con la trama Gürtel se evidenció tras esta imputación. García era amigo íntimo de El Bigotes y, presuntamente, había recibido hasta 500.000€ del entramado. Durante el periodo en que García fue director general de Canal 9 los espectadores de la televisión pública no escucharon nunca la palabra “imputado” relacionada con Francisco Camps, según PÚBLICO.ES4.

El despropósito de RTVV alcanza las cotas máximas de inmoralidad gracias a Vicente Sanz, quien fue desterrado de la política activa de la mano de Eduardo Zaplana tras pronunciar una desafortunada frase que era toda una declaración de principios: Estoy en política para forrarme. Su llegada al ente público en 1995 supuso el fin de su carrera política, y la retirada a un refugio blindado con paredes de oro5, que se alargó hasta su dimisión en 2010. Sanz se valía de su puesto dentro de la televisión pública para obtener favores sexuales por parte de tres periodistas de la cadena. El auto judicial incluye descripciones que no dejan lugar a duda de la ausencia de ética y escrúpulos de Sanz como la siguiente: “mostró su sexo erecto a esta mujer, le llegó a coger de la cabeza atrayéndola hacia él, al tiempo que le decía: dame una chupaeta“. Vicente Sanz se enfrenta a una posible condena de hasta 10 años de prisión por el presunto delito de agresión sexual.

La muerte de RTVV es el último despropósito de un gobierno errático, decadente, enloquecido por sus propios fracasos. Un gobierno que sabe que sus días de gloria ya quedan muy lejos, que los amiguitos del alma reclaman lo que es suyo y que ellos no tienen dinero para dárselo. La desaparción de RTVV supone un fracaso para los profesionales del ente afectados por el ERE que han defendido con uñas y dientes sus puestos de trabajo, así como la radio y televisión de la ciudadanía valenciana. Pero no debemos de olvidar una moralina que nos deja esta muerte: mientras los asesinos que han acribillado RTVV se van –de momento- con las manos limpias, sus cómplices dentro de la radio y televisión se van a las colas del INEM. Quizá protestar contra los autoritarismos despóticos de los políticos de turno tenga su recompensa: la dignidad y el puesto de trabajo. La decisión de cerrar RTVV acaba con las aspiraciones de los futuros profesionales de la comunicación, y con el presente de actores, periodistas, documentalistas, decoradores, peluqueros, maquilladores… El fundido a negro de RTVV es también la desaparición de un espacio en valenciano, uno de los pocos que quedaba. Hay muchas cosas que mejorar, sí, pero también hay muchas ganas de mejorarlas. La muerte de RTVV nos quita la opción a alcanzar algo que valencianos y valencianas nos merecemos: una radio y televisión públicas que nos informe de forma plural, objetiva y en valenciano.

Y recuerden, esto no es la crónica de una muerte casual, sino la de un asesinato premeditado llevado a cabo por unos asesinos que tiene nombre y apellidos. En esta humilde crónica no están todos los que son, hay más mierda, con más nombres y más apellidos. Ustedes, ciudadanos y ciudadanas, tienen derecho –y obligación- a exigir Justicia. Si le preguntan a los responsables del asesinato de RTVV probablemente la respuesta sea algo parecido a esto: Entre todos la matamos, y ella sola se murió. Y, ahora, algunas reflexiones que nos dejó el asesinato de RTVV.

1. El silencio no sirve para nada. Ahí están, trabajadores y trabajadoras de RTVV cómplices y colaboradores de los distintos gobiernos del Partido Popular, en el paro. Como los que se quejaron, como los que firmaban artículos protestando, como los que denunciaron el secuestro, la manipulación, las corruptelas de Canal 9, sí. Ahí están ellos y ellas, con una tele en negro, una radio muda, pero, a diferencia del resto, con la conciencia cargada de culpa.

2. La culpa sí es de los trabajadores. A lo largo de todas las protestas en apoyo a los trabajadores o contra el cierre de RTVV a las que asistí, había un mantra que se repetía hasta el agotamiento: los trabajadores no tenemos la culpa. Pues bien, no estoy de acuerdo. Los trabajadores sí tienen la culpa. Pero hilemos fino, ¿todos los trabajadores? No, obviamente. Sólo algunos, los que se lo llevaron caliente, los que se lo tragaron todo, los que nunca abrieron la boca para nada que no fuera alabar al PP, los que no firmaron artículos, ni participaron en las protestas. La culpa es de ellos y ellas, de los que siempre obedecieron, de los fieles a Zaplana, Camps y Fabra. Esos trabajadores que ahora se quedaron en la puta calle y a mí, francamente, me dio absolutamente lo mismo. Evidentemente, la responsabilidad principal de la voladura controlada de RTVV es del Partido Popular, pero eso ustedes ya lo saben.

3. Los periodistas, la peor calaña. Cuando hablo de trabajadores culpables me refiero especialmente a los periodistas. La pérdida de prestigio, la ausencia de audiencia y la falta de apoyo público a la televisión es culpa de ellos. Ni de maquilladores, ni de peluqueros, ni de técnicos, ni de recepcionistas. De ellos y ellas, que no informaron, que manipularon, que se creían que esto duraría para siempre. Ejercieron mal su trabajo y se vendieron a los mismos que ahora les pusieron de patitas en la calle. A la próxima, si la hay, que se piensen mejor si colaboran con los compañeros y compañeras incómodos, los que no se callaban, los del comité de redacción, los de las columnas críticas, los del ERE, los y las valientes. Ellos y ellas saben quiénes son.

4. El star system revolucionario. No podía dejarlo pasar. Tras el anuncio del cierre de RTVV el grupo de caras conocidas de la televisión, presentadores y presentadoras de informativos especialmente, ponían el grito en el cielo para sorpresa de todos. Fue bochornoso, indignante, delirante ver su cambio de chaqueta en directo. De repente hablaban del accidente del metro, de la Gürtel, del lado malo de Zaplana… y de toda la mierda que se comieron durante dieciocho años. Aparecieron, de repente, hablando en otras televisiones, encabezando manifestaciones, recalcando su profesionalidad… y a mí se me atascaba el aire en la garganta cada vez que les escuchaba. Llegaron tarde, tardísimo. Hablaron al ver que ven su culo peligraba, porque recuerden que hubo quienes nunca dijeron nada. NUNCA. NADA.

5. Protestar sirve para algo. Hay otro grupo de trabajadores que merecen todo mi respeto. Los que sí hablaron y escribieron, los que no miraban a otra parte. Gracias a ellos sabemos cómo funcionaba el saqueo y la manipulación en RTVV. Puesieron nombre a los ladrones y a sus cómplices. Han luchado por la televisión y por su trabajo. Ellos y ellas se van a la calle junto al resto, la mayoría ya sabe lo que es estar en la cola del paro gracias al ERE anulado. Aún así, hay que tener claro que la protesta sirve para algo: para mantener la dignidad, para dormir tranquilamente.

6. RTVV tiene que volver, renovada. No hablo de un nuevo cambio de imagen, ya tuvimos bastante con el azul aguamarina de Rosa Vidal. Me refiero a una renovación reflexionada, justificada, lógica. Si la RTVV que tiene que volver es la que teníamos, mejor la pantalla en negro.

7. RTVV, útil. Si RTVV vuelve no debe ser únicamente para que podamos ver la tomatina, las mascletás o los moros y cristianos, que también. RTVV tiene la obligación de informar con rigurosidad y sin influencias, sin afinidades políticas de ningún tipo. Pero también de ofrecer debates plurales y programación interesante que vaya más allá del cine del oeste. Una programación que fomente el espíritu crítico, la democracia, la cultura y, por supuesto, la lengua.

8. RTVV, en valenciano. Si RTVV vuelve para hablar castellano, también prefiero la pantalla en negro. Si sólo los informativos utilizan la lengua propia, el servicio puede ser sustituido por la delegación territorial de RTVE. Necesitamos una radio y televisión que hablen en valenciano tanto en informativos, como en series, películas y resto de programación. Ah, y sin censurar palabras, ni acentos…

9. RTVV, lejos de la Generalitat. El edificio del gobierno y el de RTVV están a varios kilómetros de distancia, suficientes como para que la televisión funcione, si vuelve, sin injerencias políticas de ningún tipo. La dirección y órganos de gestión deben mantener las distancias. No mezclarse, no tener almuerzos después de los programas para celebrar que en los debates solo estaban ellos. RTVV tiene que ser plural, incluir a todas las opiniones y grupos políticos. Las directivas no pueden ser políticas, sino técnicas: hay gente experta en radio, en televisión, en medios, democracia, lengua… y esas son las personas que deben encabezar la nueva RTVV.

10. El PP no tiene límites. La decadencia del gobierno, comandado por un Fabra despótico e histérico que obedece órdenes de Madrid, se evidencia en todos y cada uno de los actos del partido y del Consell. Desde el cierre de RTVV a la desesperada, hasta el blindaje policial que rodea a Fabra, pasando por la policía entrando a la televisión y la radio, o los intentos de abrir nuevas televisiones. Igual ustedes pensaban que el delirio de esta gente tenía límites, pero no, ya se encargan de demostrarlo día a día.

BONUS TRACK: Paseando a Mr. Fabra. La torpeza de este gobierno despótico, que firmando el cierre de RTVV firmaba su propia muerte, le llevó a ponerse a gran parte de la sociedad en su contra. Al dejar en la calle a 1700 personas que no tenían nada mejor que hacer que amargarle la existencia al presidente, exigiendo su dimisión. Le tocó blindarse, pasear rodeado de policías, alejarse (más) de la ciudadanía. Otra muestra más de la maestría de Fabra y el PP. La dimisión parecía la única salida digna que tenían, él y su equipo, junto al resto de diputados populares. La convocatoria de elecciones anticipadas era absolutamente imprescindible ante su falta de recursos para dar soluciones. Resistieron el embite a duras penas. Pero las elecciones están al caer. El miedo de las ratas gritando al ver hundirse el barco se escucha desde Moncloa. La herencia recibida de su propio partido es un pastelazo inasumible en plena crisis. Ahora, con poco dinero público para repartir entre los amiguitos del alma, la presión sobre los corruptos debe ser enorme. Les faltamos nosotros, los rojos, quejándonos porque nos quedamos sin casa, sin sanidad, sin educación y sin RTVV. ¿Pero si no la veíamos, de qué nos quejamos?, se preguntan. Esta gente del PP no ha entendido nada…

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Fotografía: Plató de informativos en el momento de cese de emisiones. Manu Bruque.
2.Datos extraídos del artículo “Con periodismo se llena la Plaza del Accidente del Metro de Valencia”http://juliaalvaro.blogspot.com.es/2013/06/el-periodismo-llena-la-plaza-del.html
3.El juez imputa al exjefe de Canal 9 por blanqueo de dinero y delito fiscalhttp://politica.elpais.com/politica/2012/03/30/actualidad/1333116487_928601.html
4.El caso Gürtel se cobra su primera víctima en Valencia. http://www.publico.es/espana/246875/el-caso-gurtel-se-cobra-su-primera-victima-en-valencia
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