Seis cuarenta y cinco

Renfe volverá a subir las tarifas en 2015, como ya hizo a principios de este año. La subida afectará a los Cercanías, Feve, Media Distancia y Avant. O sea, a los trenes que llevan a mucha gente, la base de la empresa, los que dan dinero. El AVE, ese tren que atraviesa el país a la velocidad de una bala y que es una ruina absoluta, está exento. Los datos hablan solos: en los 22 años de historia de la alta velocidad, la inversión roza los 50.000 millones de euros, mientras los ingresos no llegan a los 15.000 millones. Pero no, viajar en el tren que utilizan empresarios, turistas… no será más caro. Otro cantar es el de los trabajadores y estudiantes, carne de Cercanías, que tendrán que sacar unas cuantas monedas más de la cartera. Pocas, esa es la verdad, pues la subida ronda el 2% del precio actual. Pero no deja de ser llamativo que Renfe vuelva a centrar la renovación de tarifas en los trenes de base.

6,45. Ese es el precio que he pagado diariamente por estudiar este año. No, no es el resultado de dividir la matrícula de la carrera entre los días de clase. Es el resultado de coger un tren de Cercanías que me lleve y me traiga los 140 kilómetros que me separan de la universidad. Como yo, otras cuantas personas. Algunos cientos, seguro. Es curioso que un tren sin ninguna comodidad que recorre algo menos de 70 kilómetros en cada viaje sea más caro que un AVE Valencia-Madrid. Como leen. Haciendo cálculos, coger un tren viejo -los convoyes son de 1993-, que suele tener un olor -dejémoslo en- poco agradable, con asientos de plástico duro forrados con tela, que tarda una hora en recorrer la distancia entre Valencia y Castellón -exactamente igual que en coche-, en el que los temblores hacen que escribir o leer sea tarea imposible, es proporcionalmente más caro que subirse en un cómodo, nuevo, lujoso, y rápido AVE. Si ustedes comprasen el billete para la alta velocidad con antelación, pagarían menos por kilómetro recorrido que el estudiantado que va desde Valencia a Castellón todos los días. A eso añadan las (in)comodidades mencionadas con anterioridad y una pequeña particularidad de los Cercanías Renfe: nunca, y cuando digo nunca quiero decir jamás, llegan a la hora. Aquí empieza la segunda parte de la factura mensual: como los trenes no llegan a tiempo, el estudiantado tampoco. Y no queda otra alternativa que coger un autobús por 1,05€ el viaje -algo menos si pagas el bono de diez viajes-, si quieres evitar faltas de asistencia. Porque no, el profesorado tampoco tiene demasiada consideración. En definitiva: cada día de universidad cuesta cerca de ocho euros.

Probablemente ustedes hayan pensado: bueno, pero habrán bonos. Efectivamente, los hay. Suponen un pequeño ahorro mensual. Con la situación de crisis actual, no todas las familias pueden pagar de golpe el ticket mensual. En ese caso habrán pensado: vale, la cosa está jodida, pero seguro que en la universidad hay ayudas para esta gente que se ha emperrado en estudiar. Pues miren sí: en la Universitat Jaume I tenemos un rector, Vicent Climent, que preside, inaugura, y rectora -este verbo debería existir-. Y sí, en todos sus discursos hay un hueco para recordarnos que los recortes esto, y los recortes lo otro. Como si no fuésemos suficientemente conscientes. Así que sí, los que pagamos casi 1.000€ anuales en viajes a la universidad tenemos la ayuda moral de nuestro rector. Pero nada más. Volvamos al tema del bono mensual: es de papel, una cartulina que se arruga el primer día, y que tiene que durarte 30. Las tarjetas sin contacto que funcionan ya en todo el puto mundo son desconocidas para Renfe. Bueno, pero si pierdes el bono vas a la taquilla y como van con el DNI te lo renuevan, habrán pensado ustedes, que son buena gente. Pues miren no. Si pierdes el bono… ¡lo vuelves a comprar! ¿Imaginan la gracia cuando el bono es trimestral y cuesta más de 300 euros? En ese caso, pensarán de nuevo ustedes que son muy de reflexionar, a esta gente siempre les quedará la beca del Ministerio de Educación. Recuerden, de eso se encarga el señor Wert, ¿no hace falta decir nada más, no?

Pues así es como trata el Estado español al estudiantado que un día será la persona que le trata la depresión, la que le cura cualquier enfermedad, la que educa a sus descendientes, diseña su casa… Así es como tratan al futuro, y así es como fomentan el uso del transporte público. Luego se extrañan de que la juventud acabe paseando en pelotas por la televisión…

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