Baltasar no está

Cargados con los tropecientos regalos que van a repartir, Melchor, Gaspar y Baltasar comienzan la travesía por Oriente. Envueltos en sus trajes recorren, como cada año, desiertos, países en guerras eternas, ruinas históricas, ciudades y pueblos. La estrella les guía mejor que ningún GPS moderno. Algún que otro parón en el camino para descansar e inician la parte final del camino, el último empujón hasta empezar el reparto de regalos en España. Carbón también llevan: unos cuantos kilos para los EREs andaluces, otros tantos para los de las cuentas catalano-suizas, otros muchos para Soto del Real, y ya que hablamos de realeza, algún que otro peñasco para el cuñadísimo y su infantísima esposa. Por muy inocentes que se declaren, a nosotros nóos cuesta creerlo. Para el presidente traen una réplica de la caja de Pandora, por aquello de que la esperanza, y no Aguirre precisamente, es lo último que se pierde. Y a Pablo Iglesias, dicen, le llevan un puñado de espejos en los que mirarse y decirse lo fabuloso que es. Con Pedro Sánchez han sido austeros, le traen unas vocales que se le olvidaron cuando lanzó su página web. De Cospedal tendrá que esperar unos meses para abrir sus regalos, pues se los dan en diferido.

Son las cinco de la madrugada del 5 de enero. Las ciudades duermen y algunos niños intentan mantenerse despiertos bajo el edredón con poca fortuna. Melchor, Gaspar y Baltasar se reparten las casas según las peticiones de las cartas. Poco a poco cubren toda la geografía española. Los Rodríguez, los Pascual, los Álvarez… y así hasta completar la lista de cartas con nombres y apellidos que se envían a Oriente. Con el frío de la madrugada golpeando su cara, Baltasar camina por la calles del casco antiguo de la ciudad, cuando se da de bruces con una patrulla de Policía Nacional que le da el alto.

—Identificación, por favor —grita uno de los policías desde el interior del coche, agitando el cigarrillo que tiene entre los labios— ¿No me has oído? ¡Identificación!

—Bueno… supongo que usted sabe quién soy.

—Claro que lo sé. Otro ilegal más.

—Oiga, ¿puede dejarme pasar? Tengo que trabajar.

—¡Hombre, claroooo! ¿Qué tienes gafas de colores para vender? ¿Cinco mecheros un euro? ¿O eres de los que prefiere robarnos algún trabajo a los españoles? Trabajar dice…

La Policía detiene a Baltasar, lo esposa, lo mete a la fuerza en el furgón y lo lleva hasta unos calabozos en los que solo hay migrantes. A la mañana siguiente, Melchor y Gaspar denuncian la desaparición del tercer rey mago. Baltasar permanecerá los siguientes meses encerrado en un Centro de Internamiento de Extranjeros, junto a otros tantos que, como él, son detenidos y encerrados en estos campos de concentración contemporáneos en los que son encarcelados sin haber cometido ningún delito. Sufren torturas, violaciones… y aunque la historia de Baltasar es falsa, sirve para ilustrar las situaciones que atraviesan cientos de personas migrantes que residen en nuestro país en estado de ilegalidad. Personas encarceladas a cuyas familias, en caso de tenerlas, no se les comunica su situación. Personas que transcurridos unos meses, son colocadas en aviones de Air Europa y devueltas a sus países de origen. Personas que, como tú y como cualquiera, no merecen ese trato. Por estas personas, por los Derechos Humanos, por la abolición de las detenciones ilegales por motivos raciales, CIEs NO.

https://ciesno.wordpress.com/

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